Géminis, supongo.

Antes de comenzar, debo aclarar algo: no creo en la astrología. Tampoco creo en el tarot, al cual lo nombro Brutalemente Honesto, que estoy escribiendo. De hecho, la razón por la que decidí crearlo fue precisamente porque me interesaba estudiar el lenguaje detrás de estas herramientas y no el supuesto esoterismo que las rodea. Esto sería suficiente para dejar de leer en muchos de ustedes, quizás tú mismo, pero no. Para mi sorpresa la gente sigue leyendo. Yo culpo a la curiosidad y a la expectativa de que cometa algún error que te convenza que estoy hablando mierda.

Engllish here/Français ici

Siempre me ha parecido fascinante que podamos reconocer patrones donde quizás no existen. Como lingüista, veo algo parecido en la comunicación diaria. Escuchamos una frase, la interpretamos según nuestra experiencia y terminamos convencidos de que fue escrita exclusivamente para nosotros. Así inventé también esta categoría de Astrosofía porque para mí, es más sano preguntar e indagar sin necesidad de invocar planetas, espíritus ni energías misteriosas. Si el universo tiene un plan, todavía no me ha enviado una copia.

Por eso decidí construir mi propio tarot. No para predecir el futuro. No para hablar con energías. Mucho menos para recibir mensajes del universo. Lo hice para estudiar cómo reaccionan las personas cuando reciben una descripción suficientemente ambigua como para verse reflejadas en ella. El concepto tiene un riesgo y uno con el que debo tener cuidado. Hay algo en las personas, en todos nosotros de hecho, que busca por señales de forma innata.

Lo curioso es que ya lo he probado con algunos amigos.

Cada vez que saco una carta les repito exactamente lo mismo:

—Esto no es real.

Asienten con la cabeza.

Les explico que está diseñado como un experimento lingüístico.

Vuelven a asentir.

Les recuerdo que las cartas fueron escritas por mí, sin inspiración divina, sin planetas retrógrados y sin ninguna entidad cósmica supervisando el proceso.

Y aun así, pocos minutos después, terminan explicándome por qué la carta describe perfectamente lo que les ocurrió esa semana.

Yo insisto:

—Pero si acabo de decirte que me la inventé.

Ellos insisten:

—Sí, pero funciona.

Y ahí es donde la astrología, el tarot y el lenguaje se vuelven realmente interesantes.

En fin , aqui les va Gemini al estilo de Lesly: “La sepia en una conversación.” Lo llamas curiosidad. Los demás lo llaman caos con vocabulario.
Puedes hablarte el camino hacia cualquier cosa — y salirte de todo — normalmente en la misma respiración. Confundes conexión con colección; las personas se vuelven anécdotas, y la intimidad, un ejercicio lingüístico.  Dices que odias el aburrimiento, pero en realidad temes al silencio, porque el silencio podría presentarte a ti mismo. Eres un maestro de la imitación del  reflejo, el encanto, el cambio constante, un alquimista social que intercambia autenticidad por aplausos.  Compartes tu verdad, sí, pero solo en cursivas.  Tu lema podría ser: “Si sigo hablando, tal vez no noten que estoy perdido.”  Anhelas comprensión, pero la dispersas antes de que pueda aterrizar.

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