
Seas profesor o estudiante, cada clase debería llevarnos a conocernos mejor, y no, no hablo de ninguna relación amorosa que desafíe la ética del trabajo. Me refiero a pensar en conjunto y encontrar ese punto en común con cada encuentro. Cuando le comento esto a algunos profesores y colegas me dicen que eso no les pasa y entonces me pregunto si estoy cometiendo algún error que separe la clase de lo personal. Después de todo, la mayor parte de mis estudiantes conocen mi día a día, cómo pienso y cómo trato de mantener todo lo más transparente posible. Ni la religión, ni el partido político, ni el tipo de comida que consumen afectan nuestra clase — más bien la enriquecen.
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Ha pasado muchas veces que la clase se convierte en debate, y el estudiante debe buscar la palabra más adecuada según su opinión, pero esta se convierte en una descripción de la idea. Así de aprender el tiempo subjuntivo llegamos a ver el porqué de ese tiempo que tanto cuesta conjugar para muchos para lograr transferirlo en sus idiomas natales. De errores de pronunciación a encontrar el verbo al que pertenecen por que quizás es más eficaz usarlo de esa forma. De una frase típica como ‘No entiendo’ a discutir sobre la comprensión emocional y el entendimiento común.
La clase se convierte en cómo hacernos entender en lugar de seguir un plan organizado.
Ese fue el caso de la tarea de esta semana, dónde debíamos completar con ‘siempre’ o ‘nunca’, y nos dimos cuenta —sí, yo también— del uso tremendo que se le da a palabras tan radicales. Si alguien te comenta que es difícil enseñar a los niños, prueba enseñarle a adultos que ya tienen una idea en su cabeza la cual necesita una incepción lobotómica para extirparla. No es el caso de mis estudiantes de hoy, no, pero a veces me ponen en jaque con sus preguntas. La primera no lee la orden y la segunda se concentra en esa palabra específica que no va a encontrar lo suficientemente rápido para sentirse fluida. Sin embargo, las dos completaron el ejercicio de una forma magistral, con la simpleza de un niño curioso que aprende sobre la vida con cada frase.
Siempre y nunca son palabras de un peligro psicológico importante y es que convierten experiencias humanas complejas en absolutos. El cerebro empieza a interpretar situaciones aisladas como reglas permanentes y ese es el caso, a menudo, con los que quieren aprender un idioma. Las excepciones se convierten en puntos pesados e incomprensibles para justificar el no continuar, las reglas se vuelven absurdas y la conversación es nula. ¿Cómo salir de ese círculo vicioso de destrucción del autoestima? Es imposible. Ahí lo tienes. La respuesta es corta porque si estás haciendo esto mientras aprendes pues tu motivación o ha cambiado o has postergado tu interés.
Para mí, cada clase era una lección importante y no por el contenido solamente, sino por la forma en la que el profesor nos hablaba. Yo me concentraba más en sus gestos, en el impacto de la tiza contra el pizarrón cuando algo era importante, en el tiempo que esperaba la respuesta, en su alegría, su frustración. Eso lo llevo conmigo hasta el día de hoy.
La clase es un espacio donde los dos somos únicos. Fuera de la barrera que el estudiante pueda ponerse, como profesores, no debemos cambiar conocimiento por arrogancia, sino abrir la puerta para aprender de la forma de pensar de nuestro estudiante. Quizás eso nos da el eje para hacer una clase como se debe.

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